La revolución del Bitcoin

Por: Christopher Ruiz

Coin Preacher 


En la era de la informática, de la información, de lo digital; es común toparse con un centenar de propuestas innovadoras y rentables, o que por lo menos lo parecen a simple vista. Pero un historial de fraudes en la vida nos hace sospechar de cualquier movimiento mágico, sobre todo si se masifica en las redes sociales donde cualquiera, sin fuentes, puede hacerse acreedor de la verdad absoluta para obtener riquezas.

Hoy, con la facilidad que tenemos de acceder a Internet, nos encontramos con negocios de todo tipo y últimamente los que más abundan son los que hablan de los Bitcoin. Y no vuelve a saltar la duda, o derechamente el rechazo, porque si es tan fácil como lo pintan, tiene que ser una estafa. Pero antes de que puedas decidir qué tan cierto es lo anterior, primero entendamos de qué se trata.

En el año 2008, casi como un mito urbano, en cierto foro de Internet alguien publica bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, la forma de crear una economía libre, virtual y descentralizada; para luego desaparecer sin dejar rastro… Difícil de creer si toda nuestra vida ha girado entorno al dinero físico, monedas y billetes, al dólar, etc. Para al siguiente año ya estaba en funcionamiento y aparecería la primera criptomoneda, el Bitcoin. Una moneda digital, encriptada, que no le pertenece a nadie y a todos a la vez, regulada por sus mismos usuarios y, tal como el dinero físico real, resguardando la identidad de quienes hacen las transacciones (piénsalo, cuando compras en un negocio con efectivo, nadie te pide tus datos). Sin embargo, detrás de todo esto hay un avance tecnológico disruptivo al que debemos dar crédito.

Vamos a volver atrás nuevamente (espero no te pierdas), cuando comenzó el boom por los sitios web, el estallido de las “.com”, donde todos notaron el potencial de tener un espacio en el Internet, ya sea para entregar u obtener información, volverse de dominio público, ganar dinero, sociabilizar, globalizarse, etc… Pero el Internet era más antiguo que eso, y ni siquiera ahí nos dimos cuenta de su potencial. Años más tarde, un estudiante universitario gringo crea una red social que revoluciona los paradigmas de cómo nos comunicamos, conectamos e incluso vendemos; dando el pie de inicio a un mundo nuevo de posibilidades como las aplicaciones que tanto usamos, los servicios de entretenimiento donde vemos películas o escuchamos música, etc.

Tal como eso, las criptomonedas se basan en un protocolo avanzado de encriptación llamado Block Chain (cadena de bloques). Y aquí la cosa se complica un poquito más, ya que no sólo hablamos de transacciones financieras, sino que, de almacenamiento compartido a nivel mundial, con reglas específicas y proyectos innovadores.

Pero te lo explicaré de la manera más facil que pueda, a prueba de… Porque a menos que seas programador, quedarás colgado:

Como lo dice su nombre, una cadena de bloques habla de una serie de “bloques” virtuales conectados secuencialmente y que almacenan, en este caso, criptomonedas. Uno tras otro, como carpetas foliadas, guardando en si el registro de cómo, dónde, cuándo y quién movió el dinero almacenado. Y que sea una cadena nos dice de inmediato que lo que ocurra en uno afecta a su predecesor y sucesor.

¿Y dónde está esto? Pues en servidores virtuales que maneja la misma gente que se mueve con las monedas o fichas, sí, basados en la democracia, la confianza comunitaria y el libre mercado (uno de los primeros factores que se les recrimina, porque es realmente libre). Este sistema está tan bien elaborado, que hasta la fecha es imposible de hackear, aunque te digan lo contrario; no puedes modificar ni clonar los datos existentes y cualquiera puede integrarse a él. Y por si te queda la duda, virtual significa que no lo puedes tocar, sino que está en el Internet…

Y dónde cae la llamada disrupción de este sistema que no parece tan complejo

Supongamos que leíste una noticia donde las votaciones de cierto país fueron fraudulentas ya que encontraron boletas fantasmas, un conteo poco transparente o, simplemente la regulación no fue precisa. Como es a mano, no te queda otra que creer y quedarte con la duda… Con el Block Chain podrías tener la seguridad de que nadie manipuló la votación, sabrías quién realizó el voto y ocultar su preferencia, y guardar las estadísticas por siempre (o hasta que la “nube” muera).

¿Esto no te convence? Otro ejemplo, vas al supermercado y compras un alimento lleno de etiquetas que lo posicionan como natural, orgánico, de granja feliz, con agricultores super capacitados y un sinfín de etcéteras. Pero una etiqueta no me asegura nada, como esos productos que se vanaglorian de no tenerlos; entonces puedo escanear un código con mi teléfono inteligente y visualizar en él cada componente que aportó a la elaboración del producto: el nombre y granja de dónde provino, el tipo de alimentación y su distribuidor, las características nutricionales y la fuente confiable de ellas, el precio sería lo de menos; pero esta información no sería aportada por el mismo supermercado que las vende, que fácil sería; sino por los mismos entes que fueron parte del proceso. El Block Chain lo que almacena realmente no son monedas, sino que información, datos, código binario.

Las historias anteriores son proyectos que actualmente están siendo introducidos en países desarrollados del viejo continente, hay muchos otros con mejores propuestas y todo gracias a la cadena de bloques. ¡Imagina las posibilidades de una economía basada en ella!

Entonces, ahora no debes cuestionarte porqué existen inescrupulosos que se aprovechan de quienes no saben nada sobre el Bitcoin, sino que de dónde proviene su valor. Y es que en CoinPreacher.com apostamos a que son el futuro, y te lo demostraremos en la próxima entrega…

Porque esto es sólo el principio.

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