Edición 46

El protagonista se presenta con una mirada de amabilidad pero conunamplio verbo, como el que sabeque tienemuchoquedecir perono se vanagloriade ello, sóloquiereque sus palabras llenas de pasión por la vida lleguen a oídos que estén abiertos a la trascen- dencia que como seres humanos buscamos sin querer encontrar. Juan José Irigoyen, tiene una historia de película relaciona- da con la majestuosidad y respeto que el mar inspira, como la vida misma en su fluir de altas olas y duros revolcones, en el que Irigoyen, en su tabla de emprendimiento de negocios, se en- contró a sí mismo en la mejor inversión en la que una persona de este plano se puede encausar: su propio descubrimiento. La brisa marina rozaba las go- tas que se adherían a su cuer- po mientras se tomaba una pausa, sentado en su tabla de surf, con las piernas sumergi- das a cada lado, meciéndose con el vaivén de las olas, y mi- rando al horizonte en un mo- mento silencioso de reflexión que lo lleva a reconciliarse con la inmensidad de un océano que se asemeja al universo en el que se desenvuelve… ese mis- mo en el que la incertidumbre reina y genera respeto, pero que también le ha enseñado que por cada ola que lo aba- te, viene una que lo eleva y al final, cuando llega a la orilla, si - gue siendo un humilde mortal. Este surfista del emprendimien - to espiritual contabilizaba 30 años cuando decidió empren - der por primera vez en un ám- bito que ya masterizaba: Quí- mica analítica instrumental. PRIMERA ESCENA

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