Edición 46
Asesoraba a empresas para la adquisición, aplicación y capa - citación de estos instrumentos de química analítica específi - ca, y dos años después se dio cuenta de que esta ola depen- día totalmente de su tiempo. “En ese momento —recuer- da Irigoyen— mantenía en mi mente la creencia de que, si entrenaba a alguien más con mi conocimiento, se iría y se convertiría en mi competen- cia. Hoy en día, ese paradigma está más que superado, porque me di cuenta de que ese alum- no puede ser a futuro un socio más que una competencia”. Así, este primer emprendi- miento se convirtió para él en la manera de entender que el conocimiento está para ser compartido y no mezquino. Luego, en 1998, funda junto a Fundación Chile la primera página web de instrumenta- ción científica en el país y co - mienza a vender publicidad; al tiempo se cambia el modelo de negocios de vender publi- cidad a vender productos quí- micos con capital americano. Así nace alquimistas.com , y en el 2000 estalla la burbuja del punto.com y los capitales se retiraron, “nos quedamos con un avión hecho, y sin combus - tible” —lamentó Irigoyen—.. Para diciembre del 2000, con un tercer hijo recién nacido y una colección de deudas, deci- de liquidar la empresa, indem- nizar a los trabajadores y, aun- que los empleados no querían dejar la empresa, no se pudo continuar. “Estábamos muy adelantados para la época, por- que en ese tiempo las compras por Internet no eran lo que son ahora, es tan malo remar la ola mucho antes como remarla muy después, en este caso re- mamos después de las punto. com pero remamos mucho antes de la ola con el proyec- to; una empresa como esta sería un exitazo en estos tiem- pos en los que las ventas por Internet son la orden del día”. LAS TRAGEDIAS
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