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Cuando se decide hablar lo que incomoda o aclarar alguna

situación, hay que prepararse y tener una actitud receptiva.

“Hay que ser capaz de hablar el conflicto, de decir realmente

lo que te pasa con la situación. Más que el momento preciso,

existe la postura adecuada, es decir, cuando ambas partes

están dispuestas a conversar con una actitud que favorezca

el diálogo. A veces la gente dice ‘tenemos que hablar’, pero

en el fondo la persona quiere expresar lo que siente él y no

el otro”, puntualiza la Directora del Magíster en Resolución

de Conflictos y Mediación Sociofamiliar de la U. del Pacífico.

Según la docente de la Facultad de Ciencias Humanas y

Educación, en Chile esquivamos el diálogo previo y optamos

por la vía legal de manera inmediata. “En Chile estamos

acostumbrados a resolverlo todo vía legal. Tenemos que

entender que previo a eso hay otra instancia, que es la

resolución pacífica de conflictos. Para esa vía es necesario

tener un mediador, un tercero, cuya función es abrir y

moderar la conversación con el otro”, indica Gatica.

Por lo tanto, si es difícil entablar una conversación para

resolver un conflicto, debes buscar un tercero neutral.“En un

grupo siempre hay personas que tienen características de un

buen mediador, como ser abierto al diálogo, ser empático

y tolerante. También hay personas que han estudiado para

hacer de mediadores en un conflicto, no sólo en la familia,

sino también con los vecinos, pacientes, en el trabajo, en el

colegio, etc.”, señala la especialista.

Sin duda, el ítem más difícil para superar un conflicto es la

mediación en sí, es decir, que las partes asuman que deben

ceder en algunos aspectos para establecer un acuerdo con

otro. “Todos siempre queremos ganar, es decir, no cedemos

ante nada y por eso vamos a la justicia antes de intentar

una etapa previa de diálogo. Hay que entender que en

la mediación uno tiene que ganar, pero también quizás

aceptar perder algo que quería, porque al final la ganancia

que se tiene de ese proceso es mucho mayor que el ganar

en tribunales”, asegura Directora del Magíster en Resolución

de Conflictos y Mediación Sociofamiliar de la Facultad de

Ciencias Humanas y Educaciónde laUniversidaddel Pacífico.

Las diferencias de opinión con otras personas están a la

orden del día. Los conflictos pueden surgir con tu pareja,

algún familiar, amigo, colega de trabajo o vecino, es decir,

finalmente en cualquier espacioenque establezcas contacto

con otro individuo. Pero, ¿cómo solucionar un problema con

otra persona?

“Loprimeroqueuno tieneque considerar es queun conflicto

es una oportunidad para generar una nueva situación

mejorada producto de ese momento específico. Una vez

que somos capaces de identificar dónde está el problema

(qué es realmente lo que molesta) debemos explicitarlo.

Lamentablemente hay muchos conflictos que quedan

encubiertos, que nunca se verbalizan. Esa actitud va

deteriorando la relación, tensionándola, además de generar

un doble estándar, ya que la persona se relaciona como

si no pasara nada, pero en realidad está muy molesto”,

explica Karina Gatica, Directora del Magíster en Resolución

de Conflictos y Mediación Sociofamiliar de la Facultad de

Ciencias Humanas y Educaciónde laUniversidaddel Pacífico.

Sin embargo, esto no significa que siempre la mejor opción

sea comunicar las desavenencias. De hecho, la especialista

da un sabio consejo: hay que escoger bien las batallas a

librar. “Hay espacios y relaciones donde uno puede evaluar

si es necesario hablar o no. A veces lo mejor es no hacerlo,

no ahondar en la molestia. Esto suele suceder cuando el

conflictoes fugaz y sedaconunapersonaquenovolveremos

a ver y con quien no tenemos afectos involucrados. Pero

cuando las diferencias son con seres queridos, lo mejor

es hablar y solucionarlo, porque son relaciones nutritivas,

como familias, amigos y gente que ves todo el tiempo y que

quieres”, recalca Gatica.

Para resolver unconflictoconun ser querido, como familiares

o amigos, lo más recomendado es hablar sobre lo que está

incomodando a las partes, pero en el momento oportuno.

“Hay que explicitar los conflictos y ojalá que no sea en el

momento de rabia, de pena, etc., ni tampocomucho tiempo

después de lo ocurrido. Lo importante es que la persona

trate de racionalizar el conflicto y que hable desde allí y no

desde la emoción”, aconseja la experta en calidad de vida.

El temido ‘Tenemos que hablar’

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