29
www.revistaemprende.cl“Creo muchísimo en la suerte y descubro que cuanto más trabajo, más suerte tengo”.
Stephen Leacock
Los últimos acontecimientos conocidos por la opinión pública
parecen ser la gota que rebalsó el vaso en la dinámica de
confianzas que debe existir entre las instituciones, la clase política
y la ciudadanía. Los chilenos y chilenas comunes y corrientes hoy
poseen la completa certeza que nuestro país posee dos clases de
ciudadanos: los que se deben someter a las leyes y procedimientos
que nos rigen a la gran mayoría y otra estirpe privilegiada la cual no
hay duda que es medida con otra vara.
A los conocidos casos de la colusión de las farmacias y pollos y
el perdonazo a Johnson’s; la nueva camada de escándalos son
encabezadas por los casos del hijo del Senador Larraín, Penta,
Soquimich y la empresa Caval.
Desde la perspectiva del cómo estos casos erosionan la credibilidad
e institucionalidad de nuestro país es insostenible al momento de
tener ya certeza que parte de nuestra clase política es reclutada
por lo grandes capitales económicos, lo que tiene como resultado
final las conductas sobregiradas de algunos personeros públicos,
parlamentarios y del ámbito de los negocios.
El dinero socava el espíritu de “servidor público” e invita a muchos
“a servirse de lo público” y a jugar a favor de unos pocos, haciendo
carne una sociedad desigual y con leyes que sólo son aplicadas
para ciertos ciudadanos. Pero qué se puede esperar cuando los
principales actores de estas malas prácticas son precisamente
nuestros “Honorables” parlamentarios que son ungidos para ser
los representantes de los chilenos en el Congreso. ¿Cómo a estos
personajes se les puede pedir que velen por una sociedad más
equitativa e igualitaria si quienes pagan sus campañas son de
quienes las profundizan?.
Si bien lo anterior era un secreto a voces, hoy se tiene certeza de
las malas prácticas, irregularidades y los vicios que incubaban estos
comportamientos y lonatural queparece ser paraquienes conforman
estas redes de influencia. Los hecho nos muestran que se juega en
el límite de lo legal y lo ético, en donde la frase que se escucha
repetidamente es “no he cometido ninguna ilegalidad”. La voces de
la ciudadanía son claras y demuestran en el boca a boca cotidiano
y redes sociales la repulsión hacia los abusos que cometen ciertos
personeros que han hecho de lo legal, pero poco ético, un accionar
sistemático para privilegiar a los mecenas que los catapultan a sus
cargos pormedio de financiamientos ilícitos para que en el momento
preciso y en las instancias adecuadas puedan devolver “la mano” y
equilibrar la balanza al servicio de sus intereses.
El actuar de quienes ocupan los titulares de los diarios y los noticieros
durante el último tiempo estándictandouna clasemagistral del cómo
hacer pedazos el crédito de las instituciones.Ya no se le puede seguir
pidiendo comprensión y mayor paciencia a aquella ciudadanía que
ha trabajado décadas, que se ha “roto el lomo” en su quehacer y que
aunque trabaje 500 años no logrará las rellenas cuentas corrientes
que otros hacen en poco tiempo. Lo anterior no se trata de estar
en contra de quienes “hacen empresa”, ya que sin duda quienes
lograron hacer patrimonios de buena manera, dentro de cánones
éticos y legales son quienes también hacen crecer al país, brindan
empleo y ayudan de gran forma a la movilidad social del país.
El Chileno de a Pie se encuentra asqueado, solicitamás que perdones
y renuncias, necesita que aquellos que hacen crecer sus cuentas
corrientes y patrimonio personal de formas increíbles, observen la
realidad del país y se preocupen del cómo tener una mejor calidad
de vida, cómo ver los réditos de sus esfuerzos y sacrificios, necesitan
que el viaje en elTransantiago no sea un karma, necesitan contar con
salud, educación y jubilaciones dignas, necesitan sentirse seguros
en sus hogares junto a sus familias y que tanto los delincuentes
comunes como los de cuello y corbata, paguen en justa medida por
sus delitos.
Lamentable en este escenario, donde quienes se sobregiran en
su beneficio personal aprovechando vacios legales y su posición
política, hacen pagar a justos por pecadores y atentan en el fondo
contra el país y todos los chilenos.
Finalmente, es impostergable hacer real el manoseado eslogan
“Caiga quien Caiga” y actualizar los marcos legales que le otorguen
cota a estos comportamientos. A la vez, los últimos acontecimientos
se presentan como una concreta oportunidad para la justicia y
autoridades de Gobierno para demostrar una clara voluntad en
cambiar el escenario del relacionamiento entre la política y los
grandes grupos económicos que hoy ponen en jaque la credibilidad
de las instituciones y quienes las conforman, proporcionando señales
palpables a todos quienes componen nuestra sociedad, asegurando
que si vas a incurrir en actos ilegales o de poca transparencia, todos
responderán de igual forma ante la ley, independiente del cargo,
familia u nivel socio económico que presente el caso.




