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www.revistaemprende.cl

“Creo muchísimo en la suerte y descubro que cuanto más trabajo, más suerte tengo”.

Stephen Leacock

Los últimos acontecimientos conocidos por la opinión pública

parecen ser la gota que rebalsó el vaso en la dinámica de

confianzas que debe existir entre las instituciones, la clase política

y la ciudadanía. Los chilenos y chilenas comunes y corrientes hoy

poseen la completa certeza que nuestro país posee dos clases de

ciudadanos: los que se deben someter a las leyes y procedimientos

que nos rigen a la gran mayoría y otra estirpe privilegiada la cual no

hay duda que es medida con otra vara.

A los conocidos casos de la colusión de las farmacias y pollos y

el perdonazo a Johnson’s; la nueva camada de escándalos son

encabezadas por los casos del hijo del Senador Larraín, Penta,

Soquimich y la empresa Caval.

Desde la perspectiva del cómo estos casos erosionan la credibilidad

e institucionalidad de nuestro país es insostenible al momento de

tener ya certeza que parte de nuestra clase política es reclutada

por lo grandes capitales económicos, lo que tiene como resultado

final las conductas sobregiradas de algunos personeros públicos,

parlamentarios y del ámbito de los negocios.

El dinero socava el espíritu de “servidor público” e invita a muchos

“a servirse de lo público” y a jugar a favor de unos pocos, haciendo

carne una sociedad desigual y con leyes que sólo son aplicadas

para ciertos ciudadanos. Pero qué se puede esperar cuando los

principales actores de estas malas prácticas son precisamente

nuestros “Honorables” parlamentarios que son ungidos para ser

los representantes de los chilenos en el Congreso. ¿Cómo a estos

personajes se les puede pedir que velen por una sociedad más

equitativa e igualitaria si quienes pagan sus campañas son de

quienes las profundizan?.

Si bien lo anterior era un secreto a voces, hoy se tiene certeza de

las malas prácticas, irregularidades y los vicios que incubaban estos

comportamientos y lonatural queparece ser paraquienes conforman

estas redes de influencia. Los hecho nos muestran que se juega en

el límite de lo legal y lo ético, en donde la frase que se escucha

repetidamente es “no he cometido ninguna ilegalidad”. La voces de

la ciudadanía son claras y demuestran en el boca a boca cotidiano

y redes sociales la repulsión hacia los abusos que cometen ciertos

personeros que han hecho de lo legal, pero poco ético, un accionar

sistemático para privilegiar a los mecenas que los catapultan a sus

cargos pormedio de financiamientos ilícitos para que en el momento

preciso y en las instancias adecuadas puedan devolver “la mano” y

equilibrar la balanza al servicio de sus intereses.

El actuar de quienes ocupan los titulares de los diarios y los noticieros

durante el último tiempo estándictandouna clasemagistral del cómo

hacer pedazos el crédito de las instituciones.Ya no se le puede seguir

pidiendo comprensión y mayor paciencia a aquella ciudadanía que

ha trabajado décadas, que se ha “roto el lomo” en su quehacer y que

aunque trabaje 500 años no logrará las rellenas cuentas corrientes

que otros hacen en poco tiempo. Lo anterior no se trata de estar

en contra de quienes “hacen empresa”, ya que sin duda quienes

lograron hacer patrimonios de buena manera, dentro de cánones

éticos y legales son quienes también hacen crecer al país, brindan

empleo y ayudan de gran forma a la movilidad social del país.

El Chileno de a Pie se encuentra asqueado, solicitamás que perdones

y renuncias, necesita que aquellos que hacen crecer sus cuentas

corrientes y patrimonio personal de formas increíbles, observen la

realidad del país y se preocupen del cómo tener una mejor calidad

de vida, cómo ver los réditos de sus esfuerzos y sacrificios, necesitan

que el viaje en elTransantiago no sea un karma, necesitan contar con

salud, educación y jubilaciones dignas, necesitan sentirse seguros

en sus hogares junto a sus familias y que tanto los delincuentes

comunes como los de cuello y corbata, paguen en justa medida por

sus delitos.

Lamentable en este escenario, donde quienes se sobregiran en

su beneficio personal aprovechando vacios legales y su posición

política, hacen pagar a justos por pecadores y atentan en el fondo

contra el país y todos los chilenos.

Finalmente, es impostergable hacer real el manoseado eslogan

“Caiga quien Caiga” y actualizar los marcos legales que le otorguen

cota a estos comportamientos. A la vez, los últimos acontecimientos

se presentan como una concreta oportunidad para la justicia y

autoridades de Gobierno para demostrar una clara voluntad en

cambiar el escenario del relacionamiento entre la política y los

grandes grupos económicos que hoy ponen en jaque la credibilidad

de las instituciones y quienes las conforman, proporcionando señales

palpables a todos quienes componen nuestra sociedad, asegurando

que si vas a incurrir en actos ilegales o de poca transparencia, todos

responderán de igual forma ante la ley, independiente del cargo,

familia u nivel socio económico que presente el caso.