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En el corazón de una empresa rentable, siempre se encontrará un producto

o servicio que el mercado demanda; un bien que atiende una necesidad no

satisfecha y que lo hace con atributos de calidad y costo competitivo. Sin es-

tas características, la oferta de una compañía está destinada a generar ventas

mediocres, las cuales no servirán para generar utilidades y así impulsar el

crecimiento de la organización.

Por eso, en el camino hacia la rentabilidad, la primera aduana parecería un

asunto demasiado evidente: comercializar un producto o servicio que, da-

das sus cualidades, tiene claras oportunidades de mercado; potencialidades

que sólo se pueden conocer a través de un análisis serio de la realidad (ni-

cho al que se apunta, consumidores objetivo, competidores, valores de

diferenciación de la oferta, entre otros).

De igual forma, integrar el factor rentabilidad a los lineamientos de un plan

de negocios, para emprendedores y pequeñas y medianas empresas (Py-

mes), es una forma inteligente de gestionar los recursos disponibles, que

también evita la tentación de gastar las utilidades en temas superfluos.

Entre otras prácticas, es recomendable:

En la generación de utilidades, el precio de venta de un producto o servicio

es un elemento crítico. En este ámbito, la sugerencia es fijar un costo que

nunca ignore los gastos de la firma (producción, distribución, mercadotec-

nia, insumos, impuestos, etcétera). La meta es encontrar un precio que re-

sulte atractivo para el mercado consumidor, pero que no ponga en riesgo el

beneficio corporativo. Esto también aplica para ofertas y descuentos, porque

incluso estas promociones no tienen que significar pérdida de ganancias.

Sin ventas no hay rentabilidad posible. Por ello, las empresas, más que apos-

tar todo al precio de su mercancía, tienen que establecer prácticas de venta

que estimulen el consumo de su oferta. En este ámbito, también es clave

estudiar el contexto de las ventas: cuántas ventas genera la firma, cuántos

clientes se tienen, cuál es la tasa de conversión de prospecto a consumidor,

con qué frecuencia se le vende a un buen cliente —con qué monto prome-

dio y con qué margen de utilidad.

La rentabilidad es un indicador cuyo avance o retroceso se puede

medir. Por medio de esquemas financieros tradicionales, aplicables

en la escala de una entidad pequeña, la empresa puede definir su

relación entre ganancias y gastos y monitorear el capital que tiene

disponible.

No obstante, es una consecuencia que no debe dejarse en manos de

la suerte; de hecho, es una meta en la que todos los días –con pla-

neación, buenas prácticas y ejecución consistente– se puede ganar

terreno. Las ganancias de un negocio, como el dinero, nunca han

caído del cielo.

“Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga”.

Mahatma Gandhi.

El fruto de la casualidad

1. Definir estrategias de precio

3. Adoptar una visión estratégica

de la comercialización

2. Aplicar modelos financieros

4. Recordar que la rentabilidad es el máximo

objetivo de una empresa